La crónica deportiva, con afán de distinguirse, crea su propio lenguaje. Una forma de comunicación coloquial en la que es habitual poner un mote o añadir un adjetivo a los equipos y a las aficiones. La siguiente parada es Córdoba, conocida como la ciudad de los califas y, como no podía ser de otra manera, así se denomina también a los jugadores de su equipo de fútbol.
El adjetivo tiene su intríngulis. Según la RAE hace referencia al título de los príncipes sarracenos que, como sucesores de Mahoma, ejercieron la suprema potestad religiosa y civil en algunos territorios musulmanes. Una definición marcial que tiene su origen en el año 929, fecha de nacimiento del Califato proclamado por Abderramán III. Un estado musulmán andalusí que dejaría huella en la esencia y el futuro de toda la zona. En ese momento, el reino musulmán vivió su máximo esplendor político, comercial y cultural.
De esta manera, la historia vuelve a ser la culpable de que el Córdoba posea un seudónimo con tanta fuerza y arraigo. El conjunto andaluz es conocido como el equipo califa, apodo que proviene del pasado árabe que respiró el sur de España entre los siglos VIII y XI.
Masa social
En la actualidad el club cuenta con 15.755 abonados en Segunda División, su tercera cifra más alta tras los casi 17.000 que llegó a tener en Primera. Como suelen ser la mayoría de aficiones del sur de España, la afición blanquiverde suele ser exigente pero anima bastante a su equipo cuando más lo necesita y además es bastante numerosa y fiel, pues ha aglutinado una gran masa social pese a haber estado más de 40 años sin pisar la máxima categoría del fútbol español.